Flexibilizar nuestra columna es flexibilizar nuestra mente

BENEFICIOS

Estira y revitaliza todos los músculos del cuerpo, así como los nervios, tendones y articulaciones.

Trabaja la columna vertebral recuperando su elasticidad y la mantiene joven, resistente y armónica.

Ejerce un saludable masaje sobre todas las zonas, órganos y vísceras del cuerpo, mejorando su funcionamiento general.

Al abastecer de sangre las distintas partes del cuerpo, perfecciona el sistema circulatorio.

Aumenta la capacidad de resistencia del cuerpo.

Desarrolla el sentido del equilibrio.

Favorece extraordinariamente el aparato locomotor y previene contra distintos tipos de reuma y artritis.

Aumenta la capacidad de concentración.

Previene contra el estrés, la ansiedad y psicastenia (fobias, obsesiones, compulsiones y ansiedades).

Proporciona al organismo un excelente tono vital.

El origen de tu sufrimiento

Todos lo sabemos ya. Nos lo han dicho miles de veces. Pero, de alguna forma, siempre tratamos de buscar fuera el origen de nuestro sufrimiento. Y, sin embargo…

El origen de tu sufrimiento eres tú.

¿Qué te dices a ti mismo?

¿Cómo te lo dices?

Párate un momento. Hazte estas dos preguntas.

Hablaba ayer con una amiga que está pasando un mal momento y, después de que me contara lo que le sucedía, después de que llorara, después de que pusiera sobre la mesa todo su sufrimiento, le pedí que saliera de ese círculo.

Creo que el sufrimiento es un círculo vicioso dentro del que vivimos con relativa comodidad porque nos hemos acostumbrado a él (porque, en cierta forma, “sacamos algo de él”: los otros te escuchan, te compadecen, te acompañan). Ahora te pido: sal de ese círculo. Obsérvalo desde fuera.

Mi amiga repetía y volvía a repetir las mismas palabras: “es que siempre me pasa lo mismo”, “es que los otros actúan así o asá”, “es que yo sé que me voy a volver a encontrar en la misma situación”….

Pero, hablando, nos dimos cuenta de algo importante: eso no es más que miedo. Y ese miedo comienza en un pensamiento. Y ese pensamiento proviene de una creencia. Y esa creencia tiene su origen en una experiencia dolorosa.

Una experiencia dolorosa es una oportunidad de aprendizaje. A menudo, no aprendemos a la primera y la vida tiene la “amabilidad” de repetirla. De hecho, la repite una y otra vez hasta que aprendemos. Pero, a veces, esa experiencia dolorosa repetida en lugar de convertirse en aprendizaje, se convierte en una creencia limitante, que nos condiciona, nos aprisiona y nos impide salir del círculo vicioso del sufrimiento. Podemos elegir entonces quedarnos ahí, lamentándonos y sintiéndonos “pollito” o podemos traspasar el miedo e intentar comprender la enseñanza que hay detrás de todo ello. Ambas opciones son válidas, por supuesto. La única diferencia es que una te estrangula y la otra te libera.

 

El mundo NECESITA personas que se traten con amor. Urgentemente. Así pues, no te estrangules, no te machaques, no te quedes atascado en creencias limitantes, en experiencias dolorosas. Hay tanto que disfrutar, tanto que vivir, tantas cosas por las que ser feliz. No esperes a mañana. Es hoy. Es ahora. Es ya…

Tu verdadero valor cuento budista.

“Hace mucho tiempo, un joven discípulo acudió a su maestro en busca de ayuda.

-Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto. ¿Cómo puedo mejorar? ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?

El maestro, sin mirarlo, le dijo:

-Cuánto lo siento muchacho, no puedo ayudarte, debo resolver primero mi propio problema. Quizás después…- y haciendo una pausa agregó: Si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este tema con más rapidez y después tal vez te pueda ayudar.

-E…encantado, maestro -titubeó el joven pero sintió que otra vez era desvalorizado y sus necesidades postergadas.

-Bien- asintió el maestro.

Se quitó un anillo que llevaba en el dedo pequeño de la mano izquierda y dándoselo al muchacho, agregó- toma el caballo que está allí afuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este anillo porque tengo que pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible, pero no aceptes menos de una moneda de oro. Vete ya y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas.

El joven tomó el anillo y partió.

Apenas llegó, empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes. Estos lo miraban con algún interés, hasta que el joven decía lo que pretendía por el anillo.

Cuando el joven mencionaba la moneda de oro, algunos reían, otros le daban vuelta la cara y sólo un viejito fue tan amable como para tomarse la molestia de explicarle que una moneda de oro era muy valiosa para entregarla a cambio de un anillo. En afán de ayudar, alguien le ofreció una moneda de plata y un cacharro de cobre, pero el joven tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro y rechazó la oferta.

Después de ofrecer su joya a toda persona que se cruzaba en el mercado -más de cien personas- y abatido por su fracaso, monto su caballo y regresó.

Cuánto hubiera deseado el joven tener él mismo esa moneda de oro. Podría entonces habérsela entregado al maestro para liberarlo de su preocupación y recibir entonces su consejo y ayuda.

Entró en la habitación.

-Maestro -dijo- lo siento, no es posible conseguir lo que me pediste. Quizás pudiera conseguir dos o tres monedas de plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo.

-Qué importante lo que dijiste, joven amigo -contestó sonriente el maestro-. Debemos saber primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar y vete al joyero. ¿Quién mejor que él para saberlo? Dile que quisieras vender el anillo y pregúntale cuánto te da por él. Pero no importa lo que te ofrezca, no se lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo.

El joven volvió a cabalgar.

El joyero examinó el anillo a la luz del candil, lo miró con su lupa, lo pesó y luego le dijo:

-Dile al maestro, muchacho, que si lo quiere vender ya, no puedo darle más que 58 monedas de oro por su anillo.

-¡¿58 monedas?!-exclamó el joven.

-Sí -replicó el joyero- Yo sé que con tiempo podríamos obtener por él cerca de 70 monedas, pero no sé… si la venta es urgente…

El joven corrió emocionado a casa del maestro a contarle lo sucedido.

-Siéntate -dijo el maestro después de escucharlo-. Tú eres como este anillo: una joya valiosa y única. Y, como tal, sólo puede evaluarte verdaderamente un experto. ¿Qué haces por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor?

 

Y diciendo esto, volvió a ponerse el anillo en el dedo pequeño de su mano izquierda.”

Pensar bien para sentirse bien

“Tengo 68 años y 44 de profesión como psicólogo clínico investigando las emociones. Barcelonés, casado, dos hijos. Social y políticamente nos perdemos en el corto plazo, por eso no enseñamos educación emocional en las escuelas. Somos esclavos de nuestras propias emociones.” (Ferran Salmurri)

La gente lleva cuarenta y cuatro años acudiendo a mi consulta porque se sienten mal emocionalmente, y cuando les doy el alta siempre me pregunto: ¿qué ha cambiado?

¿Y qué se responde?

Básicamente la manera de pensar.

Eso es mucho decir.

Hay que saber cómo. Yo les pregunto a todos lo mismo: “¿Te has planteado para qué vives?” ¡Si viera las caras de la gente…! La gran mayoría no se lo ha planteado jamás.

¿Es una pregunta trampa?

Todos vivimos para ser felices, sentirnos bien en cada momento de la vida, eso es lo que buscamos y lo que deseamos para nuestros hijos.

De acuerdo.

¿Y de qué depende?

Según los neurocientíficos, de lo que pensamos.

Pues enseñemos a pensar en lugar de a obedecer, porque hay que pensar bien para sentirse bien. En el momento que creas la norma “hay que obedecer”, hay quien se otorga el papel de juez y de verdugo, y premiamos y castigamos. ¿Quién nos ha dicho que la función educativa es judicializar la vida?

Así crecemos, ejerciendo un juicio permanente sobre los otros.

Sí, sin entender que equivocarse no es ser culpable, es ser humano. “Niño, quieres recoger las zapatillas del comedor, que cada día tengo que decirte lo mismo. ¡Estoy harta de tu desorden! ¡Siempre estamos igual!”. ¿Le suena esta escena?

Lamentablemente, sí.

Ocurre en todos los domicilios de Barcelona donde hay menores de 30 años y en medio mundo, ¿y sabe desde cuando?

Desde que existen las zapatillas. Pero esa bronca nunca ha servido para nada más que para bajar la autoestima del chaval, alejar la comunicación e incluso crear comportamientos deshonestos: “Ha sido el perro”.

¿Cuál es la alternativa?

Un comentario menos culpabilizador y más empático: “Vivir en el desorden hace que me sienta mal, ¿podrías llevar las zapatillas a tu cuarto, por favor?”. Cada día al llegar a casa y ver las zapatillas del retoño en el salón nos sentimos mal. Sentimos que no nos tienen en cuenta, que les hemos educado mal y que somos culpables.

Buena radiografía de una madre.

Pensemos un poquito: ¿qué puedo esperar de la vida? ¿Dónde estarán las zapatillas?… ¡Pues en el salón! Hace 2.000 años que están ahí. Se rompe la lavadora y es un gran contratiempo, ¡pero si ya sabíamos cuando la compramos que tiene fecha de caducidad!

¿Fuera broncas y discursos?

La bronca no enseña a solucionar los problemas. Creemos que educamos racionalmente y lo hacemos desde nuestras emociones, si el niño no estudia nos da rabia: “¡Con todo el esfuerzo que hemos hecho!” o miedo: “¡Qué será de él!”

Entiendo.

Debemos empezar por aprender nosotros a controlar nuestras emociones. Los seres humanos somos altamente imperfectos, de manera que cuando vemos que nuestros hijos cometen errores hay que aceptarlo, enseñarle y no pegarle la bronca. Hay que enseñarles a pensar.

¿Cómo se enseña a pensar?

Para empezar hay que aprender a detectar lo que sientes, y cuando te sientes mal decirte: “No voy bien”. En lugar de mirar a tu alrededor en busca de quién o qué es lo que te hace sentirte mal, mira lo que ocurre en tu cabeza: qué percepción debes cambiar.

Entiendo, no hay que machacar la autoestima propia ni ajena.

Es fundamental aprender a pensar bien de uno mismo. Las personas necesitamos sentirnos aceptados, valorados, queridos, respetados y ayudados. Y lo que no necesitamos es sentirnos cuestionados, aleccionados, reñidos, reprochados, agobiados.

Los pensamientos negativos son muy tenaces.

Hay que mantener un pensamiento positivo alternativo durante más tiempo. Imagine algo que le guste, durante esos minutos el pensamiento negativo no está, y a base de insistir los pájaros no hacen nido donde no les dejas. Nuestro cerebro se modifica continuamente en base a lo que hacemos, pensamos y sentimos. Si no te quieres sentir mal, aprende a sentirte bien.

Es difícil pensar bien cuando las cosas van mal.

Cierto, hay que dirigir bien la propia vida, marcarte tus objetivos, priorizados, realistas, y poner la mentalidad necesaria; preguntarse para qué vives y relativizar.

Casi nada.

Hemos de aprender a controlar el egoísmo, las emociones, la inseguridad. Entender que nada exterior a ti mismo te va a dar la felicidad de manera estable.

El exterior nos modela desde la cuna. 

Sí, pero puedes cambiar. Tus padres no te querían, de acuerdo, ¿y ahora qué?… No queda otra que aprender a tener autoestima, a pensar mejor, a empatizar, a relacionarse, a comunicarse, a esforzarse.

Alcanza tus sueños – Mahatma Gandhi

Sé firme en tus actitudes y perseverante en tu ideal.
Pero sé paciente, no pretendiendo que todo te llegue de inmediato.

Haz tiempo para todo, y todo lo que es tuyo, vendrá a tus manos en el momento oportuno.
Aprende a esperar el momento exacto para recibir los beneficios que reclamas.

Espera con paciencia a que maduren los frutos para poder apreciar debidamente su dulzura.

No seas esclavo del pasado y los recuerdos tristes.
No revuelvas una herida que está cicatrizada.
No rememores dolores y sufrimientos antiguos.

¡Lo que pasó, pasó!

De ahora en adelante procura construir una vida nueva, dirigida hacia lo alto y camina hacia delante, sin mirar hacia atrás.

Haz como el sol que nace cada día, sin acordarse de la noche que pasó.
Sólo contempla la meta y no veas que tan difícil es alcanzarla.

No te detengas en lo malo que has hecho; camina en lo bueno que puedes hacer.
No te culpes por lo que hiciste, más bien decídete a cambiar.

No trates que otros cambien; sé tú el responsable de tu propia vida y trata de cambiar tú.
Deja que el amor te toque y no te defiendas de él.

Vive cada día, aprovecha el pasado para bien y deja que el futuro llegue a su tiempo.
No sufras por lo que viene, recuerda que “cada día tiene su propio afán”.

Busca a alguien con quien compartir tus luchas hacia la libertad; una persona que te entienda, te apoye y te acompañe en ella.
Si tu felicidad y tu vida dependen de otra persona, despréndete de ella y ámala, sin pedirle nada a cambio.

Aprende a mirarte con amor y respeto, piensa en ti como en algo precioso.
Desparrama en todas partes la alegría que hay dentro de ti.
Que tu alegría sea contagiosa y viva para expulsar la tristeza de todos los que te rodean.

La alegría es un rayo de luz que debe permanecer siempre encendido, iluminando todos nuestros actos y sirviendo de guía a todos los que se acercan a nosotros.
Si en tu interior hay luz y dejas abiertas las ventanas de tu alma, por medio de la alegría, todos los que pasan por la calle en tinieblas, serán iluminados por tu luz.
Trabajo es sinónimo de nobleza.

No desprecies el trabajo que te toca realizar en la vida.
El trabajo ennoblece a aquellos que lo realizan con entusiasmo y amor.
No existen trabajos humildes.
Sólo se distinguen por ser bien o mal realizados.

Da valor a tu trabajo, cumpliéndolo con amor y cariño y así te valorarás a ti mismo.

Dios nos ha creado para realizar un sueño.
Vivamos por él, intentemos alcanzarlo.
Pongamos la vida en ello y si nos damos cuenta que no podemos, quizás entonces necesitemos hacer un alto en el camino y experimentar un cambio radical en nuestras vidas.
Así, con otro aspecto, con otras posibilidades y con la gracia de Dios, lo haremos.

No te des por vencido, piensa que si Dios te ha dado la vida, es porque sabe que tú puedes con ella.

El éxito en la vida no se mide por lo que has logrado, sino por los obstáculos que has tenido que enfrentar en el camino.

Tú y sólo tú escoges la manera en que vas a afectar el corazón de otros y esas decisiones son de lo que se trata la vida.

“Que este día sea el mejor de tu vida”. 

MAHATMA GHANDI