La importancia de tener un aura limpia

Tener un aura limpia es importante,  ya que te permitirá ser más feliz en tu vida y vivirla con una mayor plenitud.  Con este hábito podremos desprendernos de la energía negativa que acumulamos día a día. La clave está en lograr que el cuerpo físico, mental y espiritual, estén totalmente equilibrados. Así, al final la persona se sentirá mucho mejor y más feliz.

Hay que tener en cuenta que en el mundo encontramos energías de todo tipo   que interactúan con nosotros y en diversas modalidades. Las hay positivas y generadoras de luz, pero también las hay negativas. Por ello es fundamental someter el aura a una limpieza periódicamente.

Sigue estos consejos para mantener tu aura limpia
Sigue estos consejos para mantener tu aura limpia

¿Qué es al aura?

El aura es el campo energético que envuelve al ser humano. Así que, aunque no la veamos, llega a sobresalir unos centímetros de nuestro cuerpo. Además, está conformada por diferentes capas. Todas esas capas no están definidas del mismo modo en las personas.

Si somos positivos, nuestra energía vibrará en una frecuencia positiva. Esto determinará el funcionamiento de nuestro aura.

¿Cómo tener un aura limpia?

Hay diversos métodos de limpieza del aura algunos de ellos son;  reiki, el yoga, la meditación, etc. Además de estas técnicas, hay una serie de prácticas que se pueden llevar a cabo. Entre estas prácticas encontramos algunas como:

Estar en contacto con la naturaleza. Tampoco está de más introducir en el interior de tu vivienda la naturaleza. Opta por  árboles, o plantas. A través de ellas, canalizarás la energía negativa para convertirla en positiva.

Algo tan sencillo como darte un baño caliente ayudará a limpiar tu aura. Puedes usar flores secas de lavanda, aceites, etc. Es importante que te des masajes con tal de llegar a la calma total.

Otro de los aspectos con los que lograrás limpiar tu aura es reduciendo la cafeína. Para ello, puedes optar por otro tipo de bebidas, como el té sin teína, o el café sin cafeína.

Para lograr relajarte y tener tu aura limpia, tendrás múltiples opciones. Entre ellas, está la de acostarte sobre tu espalda con una toalla enrollada debajo de las rodillas.  Coloca tus brazos a los lados, de tal modo que las palmas estén hacia arriba. Sólo tendrás que cerrar los ojos y relajarte. Para hacerlo correctamente, tendrás que respirar profundo desde el diafragma. En esa misma posición, descansa e imagina que las células de tu cuerpo absorben energía.

Como puedes ver mantener tu aura limpia sencillo y práctico, realiza algunas de estas actividades y verás como tu cuerpo, tu mente y toda tu actitud van poco a poco evolucionando hacia estados más elevados y plenos.

Descubre tu segundo signo según el número del día que naciste

¿Sabías que tenías un segundo signo según el número del día que naciste?

La numerología y la astrología están profundamente relacionadas, ya que cada planeta vibra con un número. Eso explica entonces por qué cada signo vibra según su planeta regente. La numerología es una ciencia que proviene de culturas muy antiguas. El filósofo y matemático griego Pitágoras la llamaba “el triángulo de la vida”, ya que para él cada número tiene una vibración que determina nuestra forma de ser.

Para el tarotista Víctor Santelices conocer más acerca de tu signo “es muy importante, ya que te permite potenciar tus fortalezas y trabajar en tus debilidades, además, te permite mantener buenas relaciones tanto amorosas como familiares y laborales”.

Si naciste en un día de dos dígitos y no está en la lista, debes sumar y el resultado buscarlo en la siguiente lista.

Por ejemplo, si naciste un día 23, debes sumar 2+3, y el resultado que es 5 es tu segundo signo, en este caso sera Virgo.

A continuación te mostramos tu segundo signo y algunas de sus características, que te harán entender por qué quizás actúas a veces de una manera diferente a la de tu signo original.

Los números 9 y 11 pertenecen a Aries

Tienes algo de apasionada y con mucha energía. Eres también independiente, emprendedora y puedes llegar a ser un poco agresiva.

Los números 6 y 12 pertenecen a Tauro

Inspiras belleza y amor, pero también te gustan las cosas materiales y prácticas. Eres muy perseverante.

El número 13 pertenece a Géminis

Eres muy inteligente y te sientes cómoda usando el razonamiento. Además tienes potencial en las comunicaciones y eres muy sociable.

Los números 2 y 14 pertenecen a Cáncer

Posees una profunda empatía con los demás, eres muy sensible e intuitiva. Cuando tengas una “corazonada” debes hacerle caso.

Los números 1 y 15 pertenecen a Leo

Estás llena de energía y pasión, posees un gran carácter que debes dominar. Te gusta la independencia y emprender nuevas aventuras.

Los números 5 y 16 pertenecen a Virgo

Lo tuyo es la razón más que la pasión. Te encanta viajar y relacionarte con otros. Eres muy trabajadora y te interesa la estabilidad material.

El número 17 pertenece a Libra

Tu atractivo físico es un imán, eres coqueta y llamativa. Te adaptas con facilidad a las circunstancias aunque eres muy inquieta.

Los números 10 y 18 pertenecen a Escorpión

Tienes una tremenda capacidad para reinventarte y transformar las cosas, tanto para bien como para mal, por eso debes tener cuidado. Eres muy intuitiva y sensible.

Los números 3 y 19 pertenecen a Sagitario

Eres afortunada ya que la suerte está contigo. De una u otra manera siempre te resultan las cosas que te propones, eres apasionada y posees una carácter fuerte.

Los números 8 y 20 pertenecen a Capricornio

Buscas la estabilidad en todos los sentidos, siempre te tomas las cosas en serio, eres responsable y leal, además de trabajadora.

Los números 4 y 21 pertenecen a Acuario

Te gusta experimentar cambios e innovar, te atraen también los nuevos desafíos. Eres sociable y amistosa.

Los números 7 y 22 pertenecen a Piscis

Tienes una gran imaginación, aunque a veces tus fantasías pueden llevarte a ideas erróneas. Eres romántica, intuitiva y muy emocional.

Aprende a transformar emociones negativas

Enojo, Irritación e Ira: aprende a transformar esta energía poderosa

“No te enojes”, “¡No grites!” “¡No pegues!”

¿Te has fijado cuánta energia gastas en gritar? ¿Cuánto tiempo gastas en tratar de convencer al otro? ¿Cuánto poder se te va al esperar de los demás?

Estas frases y otras semejantes son las que casi todos escuchamos mientras crecíamos. Y aprendimos, con el tiempo, a tratar de no enojarnos, de no gritar, de no sentir violencia, de esconder lo que sentíamos, etc.. Y aprendimos a juzgar el enojo. Pensamos que está mal enojarnos, que no debemos vernos molestos, y muchas veces cuando nos irritamos o algo no nos gusta solemos guardar los sentimientos de irritación para no causar caos o para que los demás no se enfaden con nosotros.

Sin embargo, conforme nos guardamos el enojo, este se va acumulando hasta que un buen día sentimos que no podemos contenerlo y explotamos, decimos todo lo que sentimos y hasta agraviamos o somos violentos con los demás, luego, la culpa.

El enojo es una emoción que no puede guardarse por mucho tiempo, este se va acumulando como una energía en nuestro cuerpo y vida que nos bloquea y no nos deja fluir, y si no lo entendemos y aprendemos de él puede causar a la larga no sólo problemas severos con las personas que nos rodean, sino sentimientos de frustración y hasta odio, emociones que no nos permiten que las cosas nuevas y grandiosas lleguen a nuestra vida, y que, además, nuestro cuerpo comience a enfermarse.

Puede que la persona con la que nos enojamos este en Hawai disfrutando la vida, ni se acuerda de lo que nos hizo, esta muy contento o contenta viviendo su vida, mientras nosotros padecemos y sufrimos las consecuencias de lo que sentimos.

Aprende de tu Enojo

Paso uno: El enojo es una emoción profunda y en verdad muy interesante, y quizá la primera cosa que hay que aprender es que no esta mal enojarnos, al contrario, es importante hacer contacto con esta emoción y aprender a escucharla. El enojo es una mensajera de las cosas que más necesitamos aprender. Si observas, todas las cosas que te hacen enojar lo hacen porque tu estas esperando mucho de la persona, la experiencia o la circunstancia.

Paso dos: La expectativa en los demás genera mucho estrés que se convierte en enojo. Cuando alguien te hace algo “muy malo”, es porque a final de cuentas tu estabas esperando que esa persona actuara o fuera de otra forma. Tu pudiste haberte sentido muy mal, pero quizá la persona seguro pensaba que estaba haciendo algún bien o almenos seguía lo que su comprensión le alcanzaba en ese momento. Aprender a no esperar de los demás, sino de uno mismo, es una de las cosas que podemos empezar a aprender. Esperamos de los padres, de los hijos, de los que nos rodean. Y hay mucho estrés en nuestro cuerpo y mente cuando estamos tratando de que las cosas sean de el modo en que creemos “esta bien”. El exceso de control de pondra muy estresado e irritable, intenando que todos sean como tu esperas.

Paso tres: renuncia a tener la razón: si te pones a pensar, puede que este bien para ti algunas cosas, pero para el otro habrá otras cosas que estén bien, y que no sean exactamente las que tu piensas o crees. Nunca acabaras de convencerlos de lo que tu piensas o eres. Te la pasarás la vida discutiendo, defendiendo tus criterios o enfadado sólo porque los demás se comportan, piensan o te dan cosas que te irritan o disgustan. Desperdiciaras una gran cantidad de energia en esto, en lugar de permitir, y empezara enfocarte en lo que si quieres.

Sabia solución al Enojo:

En lugar de esperar o querer convencer a los demás, empieza por darte lo que más pides. Observa las cosas que te gustaría que los demás te dieran y empieza por dártelas. Por ejemplo: si sientes que te faltó atención de niño, o que tu padre prefirió a tu hermano, entonces empieza tú por ser tu preferido, y date la atención y la preferencia que sientes te faltó.

Si sientes que alguien no te da lo que quieres, o te decepcionas o frustras fácilmente con los demás, es porque en verdad necesitas ponerte atención y aprender a darte lo que quieres, o encontrar en tu vida lo que te hace sentir feliz.  ¿Lo ves? El enojo es tuyo, no de los demás.

Si estás en carencia irás a pedirle a los demás. Y si no te lo dan, te enfadarás más, y si no te lo dan ni con gritos ni enfados, podrías sentir incuso violencia. Perderás el control cuando sientas que el otro no es lo que tu estás esperando.

Cuando te sientes muy enfadado o irritable no lo descargues con los demás, ve y descarga el enojo pegándole a un cojín, caminando, pateando alguna pelota, etc. Sin dañar a nadie más ni a ti mismo. Descarga el enojo y luego observa lo que necesitas darte. Poco a poco verás que entre más te enojas, más necesitas hacerte feliz.

 

*Fuente: vivirsabiamente

Yoga de los Sueños: Meditación durante el Sueño

Los seres humanos pasamos mucho tiempo durmiendo. Como término medio, nos pasamos 25 años de nuestras vidas explorando el país de los sueños, permitiendo que nuestro cuerpo y mente descansen. Sin embargo, esta es una enorme cantidad de tiempo, que se puede utilizar de manera mucho más útil.

El arte del yoga de los sueños es una manera de aprovechar este tiempo de inactividad para el mejoramiento de la persona. Es una antigua práctica budista tibetana, con la que los monjes se provocaban sueños lúcidos para meditar y conversar con sus antepasados.

Creían que la mayoría de la gente pasa su tiempo dormido en el “sueño de la ignorancia”, un estado de sueño en el que no hay conciencia. El entrar en un estado de lucidez, permite que uno crezca y se desarrolle como persona. Y no sólo esto, también se cree que la práctica del yoga de los sueños nos permite comprender que la vida es como un sueño, y que está concebida según nuestras percepciones. Al aprender a vislumbrar a través de la ilusión de nuestros sueños, podemos modelar y desarrollar nuestra comprensión del mundo de la vigilia, y verlo desde una nueva perspectiva.

El yoga de los sueños está considerado como uno de los seis subtipos de yoga tibetano del gurú Marpa. La antigua práctica del yoga de los sueños aún se conserva en nuestros días, y consta de seis etapas.

Las seis etapas del yoga de los sueños tibetano

En la primera etapa se le indica al monje cómo llegar a ser lúcido. Una vez que son lúcidos, comienza la segunda etapa. En esta etapa, deben superar todo temor a sus sueños – deben darse cuenta de que nada les puede hacer daño en su sueños, y de que tienen el control. Por ejemplo, apagarán un fuego con las manos, o algo parecido, para demostrarse a si mismos que no hay ningún peligro.

La tercera etapa del sueño implica la meditación sobre la idea de que la vigilia y el sueño son parecidos, ya que ambos cambian y evolucionan – de que la vida es ilusoria en ambos estados de conciencia, ya que nada es inamovible. Por lo tanto, los objetos, tanto en el sueño como en la vigilia, no tienen sustancia.

Entonces, el monje comenzará a manipular el sueño alrededor de estos, cambiando el estado de los objetos de manera que desafíen las reglas normales de la vida, haciendo que objetos grandes se hagan pequeños, o transformando objetos pesados en ligeros como plumas.

La quinta etapa lleva al monje un paso más allá, en el que se da cuenta de que su cuerpo es tan insubstancial como los objetos que le rodean. Le permite darse cuenta de que no es el “cuerpo del soñador” presente en el sueño, sino el sueño en sí. El cuerpo del soñador se puede manipular de exactamente la misma manera que otros objetos, e incluso hacerlo desaparecer.

Por último, una vez que el monje ha alcanzado el pleno entendimiento, se concentrará en imágenes de deidades, meditando sobre ellas con una firme concentración. Se cree que las imágenes de deidades son la puerta de la iluminación, que une al monje con la clara luz del vacío y le permite un mayor crecimiento espiritual.

Es una práctica que todos podemos usar para crecer. Una excusa para negarse el crecimiento espiritual es que con nuestro estilo de vida moderno no queda tiempo para ello. El trabajo y la actividad del día a día es el mantra de muchos, con muy poco énfasis en la presencia del ser. Sin embargo, todos tenemos que dormir, y este es un momento oportuno para explorar la espiritualidad interior.

Yoga Nidra – entre los reinos

Otra práctica, conocida como el yoga nidra, es también una forma alternativa de aprovechar los períodos de descanso. Se trata de una antigua tradición hindú que también se conoce como sueño psíquico. La práctica del yoga nidra es parecida al yoga de los sueños. El yoga nidra se centra en conceptos del sueño lúcido, pero es muy diferente. Durante un sueño lúcido, el soñador es muy rara vez consciente del mundo de la vigilia. El yoga nidra es un estado de conciencia intermedia, una relajación física y mental rejuvenecedora y profunda, que pone fronteras a los reinos del sueño, al tiempo que conserva un cierto grado de conciencia. Es la relajación por medio de la concentración de la conciencia – con el objetivo de equilibrar nuestra energía.

El yoga nidra es muy fácil de realizar y se necesita muy pocas cosas en cuanto a equipo. Lo único que se necesita es una mente tranquila y un lugar cálido y confortable para tumbarse.

La práctica se realiza acostado de espaldas con los ojos cerrados y los brazos separados del cuerpo, con las palmas de las manos hacia arriba. Las piernas se extienden a la anchura de las caderas, con las puntas de los pies mirando hacia fuera. La práctica del yoga nidra hace hincapié en la forma en la que el cuerpo está tumbado, y debe ser lo más simétrico posible – imagínate una línea que va de la entrepierna a la garganta.

Yoga Nidra

Una vez que se está en la posición correcta, la atención se centra hacia adentro, tomando conciencia del ritmo de la respiración. A continuación, se concentra la conciencia en una parte del cuerpo, como una pierna o un pie. Esta conciencia rodea lentamente al cuerpo, pasando de músculo a músculo, y liberando conscientemente toda la tensión en sincronización con una respiración profunda

Una vez que se ha pasado esta conciencia por todo el cuerpo y ya no hay tensión, se entra en un estado onírico y tranquilo. A medida que empieza a tomar fuerza, se suele sentir una sensación de ligereza y fusión. En este estado, se vuelve a concentrar la conciencia en la respiración, permitiendo que se saque el máximo partido del estado onírico y contemplativo.

Esto puede ayudar a ampliar la conciencia y el entendimiento. Estas dos prácticas se pueden realizar por cualquier persona como parte de su rutina nocturna, y no requieren de tiempo adicional de la rutina diaria. Se trata de un proceso muy importante para el cuerpo y la mente, y los que las practican hablan de una mejora radical en su bienestar tanto físico como psicológico.

El arte de vivir en paz con lo que no podemos cambiar

La madurez psicológica se puede definir de muchas formas, pero el escritor escocés M. J. Croan resumió a la perfección este concepto: “La madurez es cuando tu mundo se abre y te das cuenta de que no eres el centro de él”.

Madurar significa salir de nuestra visión egocéntrica para comprender que existe un mundo más amplio y complejo, un mundo que a menudo nos pondrá a prueba y que no siempre satisfará nuestras expectativas, ilusiones y necesidades. Y sin embargo, cuando maduramos somos capaces de vivir en paz en ese mundo, aceptando todo aquello que no nos gusta pero que no podemos cambiar.

Negar la realidad: Un mecanismo de afrontamiento inmaduro e inadaptativo 

La negación es un mecanismo de afrontamiento que implica negar fervientemente la realidad, a pesar de los hechos. Generalmente este mecanismo se pone en marcha por dos motivos: 1. Porque nos aferramos a unas ideas rígidas que no queremos cambiar o, 2. Porque no contamos con los mecanismos psicológicos necesarios para afrontar la situación.

En ambos casos, negar la realidad nos permite reducir la ansiedad ante una situación que nuestro cerebro emocional ya ha catalogado como particularmente inquietante o incluso amenazante. El problema es que la realidad siempre gana.

Si un acosador nos aborda en medio de la calle, no cerramos los ojos repitiéndonos mentalmente: “¡Esto no está ocurriendo!”. Comprendemos que estamos en peligro y escapamos o pedimos ayuda. Sin embargo, no reaccionamos de la misma manera con el resto de las situaciones de nuestra vida. Cuando algo no nos gusta, nos decepciona o entristece, ponemos en marcha el mecanismo de negación.

Negar vehementemente los hechos no hará que cambien. Al contrario, nos conducirá a tomar decisiones poco adaptativas que pueden terminar causándonos más daño. La persona madura, al contrario, acepta la realidad, no con resignación sino con inteligencia. De hecho, el psiquiatra alemán Fritz Kunkel dijo que “ser maduro significa encarar, no evadir, cada nueva crisis que viene”.

El arte de encontrar el equilibrio en la adversidad 

“Érase una vez un hombre a quien le alteraba tanto ver su propia sombra y le disgustaban tanto sus propias pisadas que decidió librarse de ellas.

Se le ocurrió un método: huir. Así que se levantó y echó a correr, pero cada vez que ponía un pie en el suelo había otra pisada, mientras que su sombra le alcanzaba sin la menor dificultad.

Atribuyó el fracaso al hecho de no correr suficientemente deprisa. Corrió más y más rápido, sin parar, hasta caer muerto. 

No comprendió que le habría bastado con ponerse en un lugar sombreado para que su sombra se desvaneciera y que si se sentaba y se quedaba inmóvil, no habría más pisadas”. 

Esta parábola de Zhuangzi nos recuerda una frase de Ralph Waldo Emerson: La madurez es la edad en que uno ya no se deja engañar por sí mismo. El escritor se refería a ese momento en el cual somos plenamente conscientes de los mecanismos psicológicos que ponemos en marcha para lidiar con la realidad y proteger nuestro “yo”, a ese momento en el que nos percatamos que la realidad puede ser difícil pero que nuestra actitud y perspectiva son dos variables esenciales en esa ecuación.

Por eso, la madurez psicológica pasa inevitablemente por el autoconocimiento, implica conocer las zancadillas mentales que nos ponemos para no avanzar, los mecanismos que usamos para evadirnos de la realidad y las creencias erróneas que nos mantienen atados. 

Ese conocimiento es básico para lidiar con los problemas y obstáculos que nos pone la vida. Por desgracia, hay personas que, como el hombre de la historia, nunca llegan a alcanzar ese nivel de autoconocimiento y terminan creando más confusión y problemas, alimentando la infelicidad y el caos interior.

Alcanzar la madurez psicológica no implica aceptar pasivamente la realidad asumiendo una postura resignada sino ser capaces de mirar con otros ojos lo que sucede, aprovechando ese golpe para consolidar nuestra resiliencia, conocernos mejor e incluso crecer.

William Arthur Ward dijo: Cometer errores es humano y tropezar es común; la verdadera madurez es ser capaz de reírse de sí mismo. Ser capaz de reírnos de nuestros antiguos temores porque ahora nos parecen grotescos, de nuestras preocupaciones magnificadas y de esos obstáculos “insalvables” que en realidad no eran, es una enorme muestra de crecimiento. Reírnos de nuestras viejas actitudes y creencias no solo significa que forman parte del pasado, sino que han dejado de tener cualquier influjo emocional sobre nosotros.

La verdadera madurez psicológica llega cuando practicamos la aceptación radical, cuando miramos a los ojos la realidad y, en vez de venirnos abajo, nos preguntamos: “¿Cuál es el próximo paso?”. Eso significa que, aunque la realidad puede ser dolorosa, no nos quedamos atrapados en el papel de víctimas sufriendo inútilmente sino que protegemos nuestro equilibrio emocional adoptando una actitud proactiva.

Vía: Rincón Psicología