Cuatro deliciosas recetas con lavanda.

Aunque la lavanda generalmente se considera una flor que despide aromas campiranos ideales para agregar un agradable olor al agua del baño y relajarte, también se utiliza en la cocina más de lo que te imaginas.

La lavanda funciona como inhaloterapia, ansiolítico y relajante y para usos terapéuticos es un excelente espasmolítico y antioxidante. Se considera una planta aromática ya que es parte de la familia Lamiaceae, el mismo grupo al que pertenecen hierbas culinarias como la menta, la albahaca, la salvia y el romero.

Además de sus asombrosas propiedades medicinales, la lavanda es un ingrediente sorprendente en la cocina siempre y cuando sepas cómo utilizarla. Si no tienes el cuidado para cocinar esta flor puede convertir tus platillos en un popurrí para aromatizar baños, es decir, hacer que sepan a jabón.

Para comenzar a experimentar en la cocina asegúrate de comprar lavanda que tenga uso culinario.  Aunque la lavanda ornamental no te matará es mejor comprar productos que realmente sean comestibles.

Es necesario mantener la lavanda lejos de la humedad, el calor y la luz, pues la humedad causa moho, el calor desvanece su fragancia y la luz opaca el color violeta que la caracteriza. Para secar la lavanda fresca, agrúpalas por el tallo y cuélgalas boca abajo en un lugar lejos de la luz solar directa. Si vives en un ambiente  húmedo puedes secar la lavanda en el horno durante unos 20 minutos.

Una vez que tengas tus flores de lavanda utilízalas como una infusión, a nadie le gusta probar una rebanada de pastel y salir con la boca llena de hojas y pétalos de flores por más hermosas que sean. Por lo tanto, es necesario molerla (por ejemplo, con azúcar para productos horneados) o colarla de un líquido (crema o jarabe) antes de usarla.

Recuerda que el aroma de la lavanda a pesar de ser delicado es potente y es importante moderarse con la cantidad de flores que se utilicen para crear infusiones o mezclas de hierbas. Una vez que tengas tus infusiones de lavanda, haz tus propias mezclas con otras hierbas, especias y flores; por ejemplo, lavanda con menta y romero para unas chuletas de cordero o un jarabe de miel con una pizca de lavanda para endulzar un té helado o una limonada.

(Aprende como preparar aceite de lavanda casero)

Si eres principiante en el mundo culinario de la lavanda, aquí te compartimos cuatro recetas básicas para disfrutar de su aroma y sabor.

Hot cakes con limón y lavanda

Tu desayuno  de hot cakes no volverá a ser el mismo después de agregarle aromática lavanda y la frescura de la ralladura de limón.

Ingredientes:

  • 75 gramos de harina
  • 50 gramos de almendras molidas
  • 1 cucharadita de polvo para hornear
  • 50 gramos de azúcar de lavanda
  • 1 cáscara de limón rallada
  • 125 mililitros de leche de almendras (o descremada)
  • 1 huevo
  • 2 cucharadas de mantequilla derretida
  • Mantequilla o aceite de coco, para freír

Mezclar los ingredientes secos en un tazón grande. Batir lentamente la leche, el huevo y la mantequilla derretida para formar una masa suave y espesa.

Colocar un sartén grande a fuego lento, después agregar una pequeña porción de mantequilla o aceite de coco. Con una cuchara grande colocar la masa en el sartén. Después de que se formen las pequeñas burbujas en los hot cakes, están listos para voltearlos.

Cocinar por un minuto más antes de llevarlos al plato. Servir con mantequilla y un chorrito de miel, y decorar con un poco de lavanda y ralladura de limón.

Papas rostizadas con lavanda

Las papas adquieren una nota floral y terrosa cuando se lavan con lavanda seca antes de asarlas. Esta receta es de inspiración provenzal

Ingredientes:

  • 1 kilo de papas cambray
  • 6 cucharadas de aceite de oliva
  • Sal kosher y pimienta negra recién molida, al gusto
  • 6 cucharadas mantequilla sin sal
  • 2 cucharadas de lavanda seca
Calentar el horno a 200 °C. Mezclar las papas, el aceite y la sal y la pimienta en una bandeja para hornear forrada con papel aluminio y cocinar, revolviéndolas ocasionalmente, hasta que estén doradas y tiernas, aproximadamente unos 35 minutos.
Mientras tanto, calentar la mantequilla en una cacerola a fuego medio alto; agregar lavanda y cocinar hasta que las flores suelten su aroma, aproximadamente 1 minuto. Verter sobre las papas cocidas y mezclar para combinar; condimentar con sal y pimienta.

Paletas de lavanda y miel

Estas paletas de miel y lavanda son un ejemplo perfecto de un delicioso postre que hará feliz a cualquier goloso omitiendo las grandes cantidades de azúcar.

Ingredientes:

  • 3/4 taza de leche entera
  • 5 cucharadas de miel
  • 2 cucharadas de flores secas de lavanda
  • 1 1/2 tazas de yogur griego natural sin grasa
  • Molde de paletas

En una olla pequeña, combinar la leche entera, la miel y las flores de lavanda. Colocar a fuego lento hasta sin dejar que la leche hierva; revolver ocasionalmente. Retirar del fuego y dejar reposar durante 2 horas.

Colar la mezcla de leche a través de una manta de cielo para eliminar las flores de lavanda y conservar la leche. Revolver el yogurt en la mezcla de leche.

Verter la mezcla en 9 moldes para paletas y congelar durante al menos 5 horas. Cuando estén listas para  colocarlas en agua calentar durante 10-15 segundos para ayudar a aflojar la paleta del molde.

(Aprende como preparar helado de lavanda y leche de coco para la ansiedad)

Latte de té negro y lavanda

Una bebida de té negro con infusión de lavanda para sentir la energía de un café y la sensación de relajación gracias a las propiedades de esta flor.

Ingredientes:

  • 1/4 taza de flores de lavanda secas orgánicas
  • 1 cucharada de miel
  • 1/4 taza de té negro
  • taza de leche de tu elección

Hervir el agua en una cacerola y agregar las flores de lavanda al agua hirviendo. Revolver constantemente hasta que quede un concentrado de lavanda.

Retirar del fuego y remover las flores. Colocar el concentrado de nuevo en la estufa y agregar la miel. Revolver sobre el calor hasta que la miel se haya disuelto durante 5 minutos. Agregar el té negro y dejarlo infusionar durante 5 minutos más.

Espumar la leche con un dispositivo de espuma y agregar la mezcla de lavanda y té negro. Cubrir con más leche y espuma.

Reiki, la energía universal amorosa en tus manos

Durante mis primeros años como practicante de meditación me ocurría a menudo que a lo largo de las sesiones de meditación, especialmente hacia el final de las mismas notaba mucho calor en las manos. Yo me preguntaba ”¿Y este calor, de donde vendrá? ¿Se podrá utilizar para alguna cosa positiva? Seguramente sí”, pensaba.

Por ello cuando oí hablar por primera vez del Reiki tuve claro que quería conocer más sobre la energía y sobre cómo mejorar mi vida empleándola de forma constructiva.

Pero ¿qué es exactamente el Reiki?

Quizás ya hayamos oído hablar alguna vez de esta herramienta, pero no nos quedó demasiado claro de que se trata.

El reiki es una herramienta de canalización de la energía universal a través de la imposición de las manos.

¿Qué quiere decir energía universal?

La energía es aquello que da vida a todo lo que vemos. Si ponemos en un microscopio cualquier materia, incluso cualquier parte de nuestro cuerpo, veremos que, a nivel ínfimo, está compuesto de pequeños átomos que contienen energía. Por lo tanto, la energía es aquello que fluye en cualquier manifestación de la vida a nuestro alrededor, ya sean las personas, las casas, las plantas, los coches…

¿Y por qué le añadimos el término “universal”?

Para explicar este término me gustaría incluir una cita de uno de los científicos más brillantes de todos los tiempos, que habló así en su discurso para la recogida del Premio Nobel de Física que le concedieron, Max Plank:

“Como hombre que ha dedicado su vida entera a la más clara ciencia superior, el estudio de la materia, yo puedo decirles, como resultado de mi investigación acerca del átomo, lo siguiente: no existe la materia como tal. Toda la materia surge y persiste debido solamente a una fuerza que causa que las partículas atómicas vibren, manteniéndolas juntas en el átomo. Debemos asumir que, detrás de esta fuerza, existe una mente consciente e inteligente. Esta mente es la matriz de toda la materia”

Es decir, podemos asumir que cualquier manifestación de energía existe gracias a la inteligencia del Universo, que es creador de todo lo que llamamos vida y materia. Y no es que esto sea un concepto espiritual o metafísico, sino que vemos que los científicos que han estudiado la materia hasta sus últimas consecuencias, suscriben esta visión.

La energía universal es, por tanto, inteligente, y como sabemos el Universo tiende al equilibrio y a la salud, un ejemplo de ello es nuestro maravilloso cuerpo. Podemos, por tanto, afirmar que la energía que sostiene toda vida es una energía amorosa y que tiende al equilibrio.

Esto es el reiki. El reiki es emplear esa energía universal amorosa para nuestro bienestar o el de los demás dónde y cuándo la necesitemos, puesto que esta energía es inagotable.

¿Qué quiere decir canalizar?

Canalizar es hacer de canal, es decir permitirle a esa energía pasar a través nuestro. Esto que podría parecer muy difícil no requiere en realidad ningún esfuerzo, simplemente se requiere haberse iniciado, esto es, haber activado la energía del reiki en nosotros.

Y a partir de ahí poner las manos sobre nuestro cuerpo o el de otra persona simplemente con la intención de canalizar reiki. Después es el propio cuerpo del paciente el que absorbe la energía que necesita en cada sesión para armonizarse.

Esta es una de las características más maravillosas del reiki, su sencillez y simpleza.

Lo bueno del Reiki es que al permitirnos canalizar la energía universal, hace que no nos cansemos pues no estamos dando nuestra propia energía sino que estamos poniendo esa energía universal a disposición de la persona para que absorba lo que necesite en cada momento.

¿Y para qué sirve el Reiki?

El Reiki permite acelerar y reforzar nuestro proceso natural de armonización cuando se presenta alguna enfermedad o pequeño desequilibrio (podría ser simplemente cansancio). De hecho está reconocido como Terapia Alternativa por la Organización Mundial de la Salud

Pero la aplicación en el cuerpo físico es sólo una de las aplicaciones del Reiki: lo maravilloso del Reiki es que además nos ayuda a desarrollar nuestra conciencia en todos sus aspectos, no sólo físico sino también mental, emocional y espiritual.

A nivel mental, por ejemplo, nos ayuda a hacernos más conscientes de patrones de pensamientos que no nos benefician y a partir de ahí cambiarlos por otros más beneficiosos.

También, a nivel emocional, nos ayuda a transformar y desbloquear las emociones que nos resultan conflictivas y vivir con más paz, lo cual por ende también garantiza una mejor salud física en todos los niveles, ya que las emociones no resueltas son la causa de la mayor parte de nuestras enfermedades.

Y más allá de todo ello, Reiki es una puerta a un mundo desconocido y maravilloso, que nos abre el camino a la evolución y transformación personal y nos conecta con aspectos de nosotros mismos que hasta entonces desconocíamos.

El reiki en definitiva, nos descubre y facilita el camino para el desarrollo de nuestro inmenso potencial como seres humanos.

Aprende como entrenar tus manos para dar Reiki, dando click aquì.

Un baobab en el corazón, una reflexión de El Principito

Si te encuentras un baobab en el corazón, arráncalo de raíz, porque sus semillas albergan el miedo, la inseguridad, la decepción, la rabia… Haz como el Principito, que cada mañana retiraba todas las semillas de los titánicos baobabs de su pequeño planeta por temor a que crecieran demasiado, a que sus gigantescas raíces destruyeran todo lo que le era amado y conocido…

Hay miedos inteligentes y no fóbicos que garantizan nuestro bienestar. Son temores ajustados que regulan nuestra supervivencia. Sin embargo, en ocasiones y casi sin saber por qué, llegan esas semillas de baobab que todo lo invaden. Ellas, están justo ahí, en el subsuelo de nuestro jardín psicológico, creciendo a veces de modo silencioso, pero alterando nuestro equilibrio, nuestro enfoque.

Puede que de entre todas las reflexiones que nos dejó Antoine de Saint-Exupéry en El Principito, esta, sea sin duda una de las más interesantes. En el libro, el pequeño protagonista arrancaba diariamente las semillas “malas” de su planeta mientras alimentaba y regaba las semillas “buenas”. Las malas eran las de baobab, esas que debía eliminar de raíz antes de que destruyeran su mundo desde el interior. Las semillas buenas cómo no, eran los rosales y en concreto esa por la que sentía una especial predilección.

Esta sutil metáfora simboliza sin duda la figura de nuestros miedos, de esas zonas más oscuras donde se alimentan a menudo las distorsiones cognitivas. Son esos gérmenes orquestados por la rabia, la angustia o la tristeza que empañan y llenan de grietas nuestro palacio mental.

baobab en el corazón

Un baobab en el corazón, el que todos llevamos

Todos llevamos algún baobab en el corazón. Ahora bien, puede que solo esté su semilla, invisible, dormida y sin ramificación alguna. Otros, en cambio pueden estar sufriendo ya los efectos de su crecimiento. El impacto de ese baobab que expande sus raíces y que todo lo revuelve, lo cambia y lo desestabiliza. Porque los miedos, como los rencores, implosionan hasta quebrar el orden interno, la lógica, la autonomía.

En El Principito, su protagonista le llega a preguntar al piloto en un momento dado si los corderos comen arbustos. Cuando este le responde que sí reacciona con inmensa alegría al pensar que por fin podrá deshacerse de la amenaza de los baobabs. No obstante, al poco el piloto, lo corrige: un baobab no es un arbusto, sino un árbol. Son árboles tan grandes como iglesias, tan inmensos que ni un “rebaño” de elefantes lograría comerse uno entero.

El Principito, imaginándose la escena sugirió que tal vez podría lograrse poniendo un elefante encima de otro. Ahora bien, segundos después advirtió con gran acierto que la mejor estrategia no podía ser otra más que evitar su crecimiento. Porque cuando un baobab crece demasiado nada se puede hacer. A esos gigantes destructivos se les debe detener en sus fases más tempranas, cuando son pequeños, cuando no son más que simples semillas

“El suelo del planeta estaba infestado de semillas de baobab. Y si un baobab no se coge a tiempo, ya no es posible liberarse de él jamás. Obstruye todo el planeta. Lo perfora con sus raíces. Y si el planeta es demasiado pequeño y los baobabs demasiado grandes, lo hacen estallar”.

El Principito

El Principito mirando al horizonte y pensando en el baobab en el corazón

La importancia de impedir que crezca un baobab en el corazón

Hay quien ve en la metáfora del baobab del Principito algo más. Hay quien advierte que más que las semillas de nuestros miedos, podría estar también el germen de la propia maldad. Esa fuerza destructiva que enferma el corazón y que es capaz de cometer los peores actos, de dar forma a los más devastadores escenarios de violencia y destrucción. Los mismos que todos tenemos ya en nuestra memoria colectiva.

Al fin y al cabo, esa semilla de baobab siempre ha estado y estará presente en nuestro interior. De nosotros depende alimentarla y permitir que crezca, porque al igual que en el planeta del Principito, en todos nosotros hay semillas buenas y semillas malas. Que germinen, que echen raíces, depende sin duda de innumerables factores: nuestra crianza, educación, las experiencias vividas…

Sin embargo, no podemos olvidar que está en nuestra mano el ser buenos y hacendosos jardineros para retirar a tiempo las malas hierbas, las semillas que no sirven, las que destruyen el entorno y rompen el equilibrio natural de nuestra parcela personal. Esta habilidosa tarea es la que llevaba a cabo cada día el Principito. Él quien retiraba lo que no quería y él quien alimentaba lo que más valoraba: sus rosales.

Principito regando una rosa y pensando en el baobab en el corazón

No necesitamos corderos ni un ejército de elefantes subidos uno encima de otro para realizar esa tarea de limpieza. Si tenemos un baobab en el corazón, nosotros tenemos la responsabilidad de retirarlo a tiempo o bien de no alimentar su semilla. Esta tarea de mantenimiento genera equilibrio, aporta sabiduría y un sentido de disciplina. Nos permite estar atentos a cualquier cambio, a cualquier crecimiento inusual para evitar que pequeños problemas acaben convirtiéndose en inmensos y aterradores baobabs.